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Así es como los hábitos de ejercicio en jóvenes impactan en su salud a largo plazo (al menos, para algunos)

Eva María Rodríguez |

Un estudio ha encontrado que formar un hábito de ejercicio recreativo a largo plazo cuando se es joven tiene un impacto beneficioso en la salud física y mental en el futuro, pero algunos grupos, como las mujeres y los estudiantes de alto rendimiento académico, pierden estos beneficios de manera desproporcionada.   Este fenómeno no solo destaca la necesidad de abordar tales desigualdades, sino que también nos invita a reflexionar sobre cómo podemos, como sociedad, fomentar una cultura de ejercicio inclusiva y accesible para todos desde una edad temprana.

La evidencia sugiere que existe un período crítico durante la adolescencia, específicamente alrededor de los 15 años, donde se pueden establecer estos patrones saludables de ejercicio. Entonces, ¿cómo podemos asegurar que los jóvenes no solo sean conscientes de los beneficios del ejercicio regular, sino que también tengan las oportunidades y el apoyo necesario para incorporar estos hábitos en su vida diaria?

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Beneficios del ejercicio regular en la juventud

La práctica de ejercicio físico durante los años juveniles va mucho más allá de un simple pasatiempo o una forma de mantenerse en forma. También es una inversión de cara al futuro. Según el estudio de la Universidad de Adelaide, los beneficios abarcan desde mejoras palpables en la salud física hasta un impacto significativo en el bienestar mental. Pero, ¿qué implica esto realmente para los jóvenes y cómo puede moldear su futuro?

Mejora de la salud física

Está ampliamente documentado que la actividad física regular fortalece el corazón, los músculos y los huesos. Además, reduce el riesgo de enfermedades crónicas en la adultez, como la obesidad, la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Este estudio reafirma la idea, destacando que los hábitos de ejercicio en jóvenes no solo benefician su estado físico actual, sino que establecen las bases para una vida adulta más sana.

Bienestar mental y autoestima

No es ningún secreto que el ejercicio influye positivamente en el estado de ánimo y la percepción que uno tiene de sí mismo. La actividad física regular libera endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad, que pueden ayudar a combatir el estrés y la depresión. El estudio señala que los jóvenes que se ejercitan con regularidad tienden a tener una mejor imagen corporal y mayores niveles de autoestima.

Patrones saludables a largo plazo

Otro hallazgo clave del estudio es la tendencia a mantener estos comportamientos saludables en la edad adulta. Los jóvenes que incorporan el ejercicio como una parte fundamental de su vida tienden a seguir siendo activos, reduciendo así el riesgo de enfermedades y mejorando su calidad de vida en general.

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Grupos en riesgo de no beneficiarse

A pesar de los indiscutibles beneficios del ejercicio regular, el estudio  pone de manifiesto que no todos los jóvenes se benefician por igual. Existen barreras significativas que impiden que ciertos grupos adopten hábitos de ejercicio en jóvenes, afectando desproporcionadamente a las mujeres, a los estudiantes con altos logros académicos y a aquellos provenientes de entornos socioeconómicos desfavorecidos. Profundicemos en estos hallazgos y exploremos las causas subyacentes.

Desafíos para las mujeres jóvenes

La investigación destaca la desigualdad de género en el acceso y la participación en actividades físicas. Los factores contribuyentes incluyen oportunidades limitadas, acceso reducido y falta de diversidad en los deportes disponibles. Además, las expectativas parentales y culturales, junto con los estereotipos de género y la falta de modelos a seguir, juegan un papel crucial en esta disparidad. La doctora Julie Morgan, una de las autoras del estudio, señala que es necesario hacer más para promover la actividad física regular entre las adolescentes, lo que sugiere una revisión de cómo se presenta y se valora el deporte femenino en nuestra sociedad.

Altos logros académicos como barrera

Al contrario de lo que se podría esperar, los estudiantes con altos rendimientos académicos también se encuentran entre los grupos en riesgo. La presión por excelencia académica y el tiempo dedicado al estudio a menudo dejan poco espacio para el ejercicio, subrayando la necesidad de fomentar un equilibrio más saludable entre el estudio y el autocuidado. Este hallazgo revela la importancia de abordar la salud física como un componente esencial del éxito, no solo académico, sino en la vida.

El impacto del entorno socioeconómico

La investigación también identifica a los jóvenes de entornos socioeconómicos desfavorecidos como menos propensos a establecer patrones regulares de ejercicio. Las barreras incluyen la falta de acceso a instalaciones deportivas, el costo de participación en actividades físicas y la ausencia de apoyo o estímulo por parte de la familia y la comunidad. Este grupo enfrenta desafíos significativos que requieren una atención y un apoyo específicos para superarlos.

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La importancia de la intervención temprana

La identificación temprana de los grupos en riesgo y la implementación de estrategias dirigidas son cruciales para promover hábitos de ejercicio en jóvenes de manera efectiva. La Universidad de Adelaide subraya el importante papel que pueden jugar las instituciones educativas, desde la secundaria hasta la universidad, en fomentar una cultura de ejercicio. Pero, ¿cómo podemos, en la práctica, hacer que el ejercicio sea una parte integral de la vida de los jóvenes?

  • Promoción del ejercicio en las escuelas: las escuelas desempeñan un papel fundamental al ofrecer programas de educación física que no solo se centren en la actividad, sino que también eduquen sobre los beneficios a largo plazo del ejercicio.
  • Programas de apoyo en universidades y centros de formación profesional: para los jóvenes que transitan hacia la educación superior o la formación profesional, la creación de programas que fomenten la actividad física regular y el bienestar general puede marcar una diferencia significativa.
  • Iniciativas gubernamentales y comunitarias: los gobiernos estatales y locales tienen un papel clave en asegurar que la infraestructura de ocio y deportiva satisfaga las necesidades de los jóvenes. La inversión en espacios públicos accesibles, como parques y centros deportivos, y el apoyo a programas deportivos comunitarios que sean inclusivos y asequibles para todos, son pasos esenciales hacia una sociedad más activa y saludable.

La colaboración entre estas instituciones y la sociedad civil puede generar cambios de gran relevancia en la forma en que los jóvenes ven y participan en el ejercicio. Al abordar las barreras de acceso y promover una cultura de actividad física que sea inclusiva y atractiva para todos, podemos ayudar a establecer hábitos de ejercicio en jóvenes que perdurarán toda la vida.

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Estrategias para promover el ejercicio en jóvenes

Fomentar la adopción de hábitos de ejercicio en jóvenes requiere un enfoque multifacético que considere las diversas barreras que enfrentan diferentes grupos. Aquí presentamos algunas estrategias clave que pueden ayudar a superar estos obstáculos y promover una cultura de actividad física inclusiva y sostenible.

  • Desarrollo de programas deportivos inclusivos. Es fundamental que las escuelas, universidades y organizaciones comunitarias ofrezcan programas deportivos que sean verdaderamente inclusivos, abarcando una amplia gama de actividades para atraer a diferentes intereses y habilidades. La diversificación de las opciones deportivas puede ayudar a asegurar que cada joven encuentre una forma de ejercicio que le apasione y en la que se sienta cómodo participando.
  • Educación y concienciación. La educación sobre los beneficios del ejercicio no solo debe limitarse a las clases de educación física. Debe ser parte de un esfuerzo más amplio que incluya campañas de sensibilización dirigidas tanto a jóvenes como a padres y educadores, destacando cómo la actividad física contribuye positivamente al bienestar físico y mental.
  • Apoyo a la participación femenina en el deporte. No hay que perder de visa la necesidad de abordar las barreras específicas que limitan la participación de las mujeres y las niñas en el deporte. Esto incluye el desarrollo de programas que fomenten su participación, la promoción de modelos a seguir femeninos en el deporte y la creación de un entorno seguro y acogedor que aliente a las mujeres jóvenes a involucrarse en actividades físicas.
  • Facilitar el acceso a instalaciones deportivas. Los gobiernos locales y las instituciones educativas deben trabajar juntos para mejorar el acceso a instalaciones deportivas, especialmente en comunidades desfavorecidas. Esto puede incluir la reducción de costos de participación, la mejora de la infraestructura existente y la construcción de nuevas instalaciones en áreas donde sean más necesarias.
  • Promoción del equilibrio entre estudio y ejercicio. Para los estudiantes con altos logros académicos, es vital promover un mensaje que equilibre la importancia del estudio con la necesidad de cuidado personal a través del ejercicio. Esto podría lograrse mediante la integración de pausas activas en el horario escolar y la promoción de actividades físicas como una forma efectiva de manejar el estrés y mejorar la productividad.

Adoptando estas estrategias es posible crear un entorno que no solo promueva los hábitos de ejercicio en jóvenes, sino que también aborde las desigualdades existentes, de modo que se asegure que todos los jóvenes, independientemente de su género, capacidad académica o situación socioeconómica, tengan la oportunidad de beneficiarse de la actividad física.

Conclusiones

Como hemos visto, los hábitos de ejercicio en jóvenes juegan un papel calve en el desarrollo de una vida adulta saludable. Sin embargo, para que estos beneficios sean accesibles para todos, es esencial abordar las barreras específicas que enfrentan distintos grupos y promover un enfoque inclusivo hacia la actividad física.

La investigación de la Universidad de Adelaide nos ha proporcionado una valiosa perspectiva sobre la importancia de establecer patrones de ejercicio desde una edad temprana y los desafíos que debemos superar para lograrlo. Por eso, es muy importante entender que, al implementar estrategias que fomenten la inclusión y la accesibilidad, podemos aspirar a una sociedad donde todos los jóvenes tengan la oportunidad de disfrutar los beneficios del ejercicio, sentando las bases para una generación más saludable y resiliente.

Este estudio se publicó el 21 de marzo de 2024 en la revista PLOS ONE.

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