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Sobre la importancia de la actividad física en jóvenes y su relación con su futuro profesional

Eva María Rodríguez |

La actividad física en los jóvenes es más importante de lo que se cree. Y se cree que es muy importante. La tecnología ha transformado drásticamente nuestro estilo de vida en muchos aspectos, y no siempre para bien. De hecho, es una de las principales responsables de la inactividad física de muchas personas, incluidos las más jóvenes. Esto se ha convertido en una preocupación creciente con repercusiones que trascienden el ámbito personal  que incluso llegan a la esfera social y económica. En este sentido, recientes investigaciones han arrojado luz sobre una realidad alarmante: la baja aptitud cardiorrespiratoria en la juventud no solo afecta la salud individual a corto plazo, sino que también tiene un impacto duradero en la capacidad laboral durante la vida adulta.

A continuación hablaremos de un estudio pionero de la Universidad de Jyväskylä que revela cómo la disminución de la aptitud física entre los jóvenes puede predecir una menor capacidad de trabajo a lo largo de la vida, anticipando así costes sustanciales para la sociedad. Esta investigación establece una correlación directa entre la aptitud cardiorrespiratoria juvenil y la capacidad laboral en la edad adulta, destacando la importancia crítica de promover estilos de vida activos desde edades tempranas.

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La relación entre aptitud física de los jóvenes y su capacidad laboral

La investigación llevada a cabo por la Universidad de Jyväskylä ha arrojado resultados que confirman y profundizan nuestra comprensión sobre cómo la aptitud física durante la juventud influye en la capacidad laboral en la vida adulta. Esta asociación se extiende a lo largo de la vida laboral del individuo. Es más, presenta implicaciones significativas tanto para el bienestar personal como para la economía en general.

El estudio, que abarcó un seguimiento de 45 años, evaluó la aptitud física de los participantes durante su adolescencia, entre los 12 y 19 años y, posteriormente, midió su capacidad laboral en dos momentos críticos de su vida adulta: entre los 37 y 44 años y entre los 57 y 64 años.

Los hallazgos mostraron que aquellos jóvenes que presentaban una baja aptitud cardiorrespiratoria reportaron una menor capacidad laboral y tasas más altas de ausentismo por enfermedad a mediados de su vida laboral, así como una disminución de su capacidad de trabajo hacia el final de la misma.

Resulta particularmente interesante que, según este estudio, ni la baja aptitud musculoesquelética ni un alto índice de masa corporal estuvieron asociados con la capacidad laboral en la adultez de manera tan significativa como lo estuvo la aptitud cardiorrespiratoria. Esta distinción subraya la importancia crítica de fomentar actividades que mejoren la función cardiovascular desde una edad temprana.

Perttu Laakso, uno de los autores del estudio, expresó su preocupación ante estos resultados, señalando que, dado que los participantes nacieron en la década de 1960 —una época en la que, en promedio, los niveles de aptitud física juvenil eran superiores a los actuales—, la situación para las generaciones actuales podría ser aún más desalentadora.

Teniendo esto en cuenta, Laakso advierte sobre un probable incremento en el riesgo de disminución de la capacidad laboral entre los adolescentes de hoy.

Además, este estudio no solo pone de manifiesto la relación directa entre la aptitud física en la juventud y la capacidad laboral futura, sino que también resalta la necesidad urgente de políticas y programas que promuevan un estilo de vida más activo desde la infancia. La perspectiva de Laakso y su equipo invita a reflexionar sobre cómo la inversión en la salud física de los jóvenes es, en realidad, una inversión en el capital humano y económico del futuro.

¿Qué medidas se pueden tomar para revertir esta tendencia?

La respuesta parece residir en la implementación de estrategias preventivas que incentiven la actividad física regular entre los más jóvenes, un desafío que requiere el compromiso no solo de las instituciones educativas y de salud, sino de la sociedad en su conjunto.

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Impacto  de la baja capacidad laboral en la sociedad

La influencia de la aptitud física juvenil en la capacidad laboral adulta va mucho más allá del bienestar individual. De hecho, incide profundamente en el tejido socioeconómico de nuestra sociedad. Este estudio pone en evidencia las repercusiones a largo plazo de la baja capacidad laboral, que no solo afecta la calidad de vida de los individuos, sino que también conlleva una carga económica significativa a nivel colectivo.

Para empezar, la disminución en la capacidad laboral se traduce en mayores tasas de absentismo por enfermedad, jubilación anticipada y una dependencia creciente de los sistemas de salud y asistencia social. Estas circunstancias no solo impactan la economía por el aumento de los gastos en salud pública y los sistemas de pensiones, sino que también reducen la productividad laboral y el crecimiento económico a largo plazo.

La preocupación radica en que, si las tendencias actuales de inactividad física entre los jóvenes persisten, podríamos estar ante un incremento sin precedentes en los costes sociales y económicos relacionados con la salud laboral. Estos costes no solo se reflejan en términos monetarios, sino también en la pérdida de potencial humano y en el deterioro de la calidad de vida de las futuras generaciones.

La investigación sugiere que la inversión en la promoción de la salud física desde edades tempranas podría mitigar, e incluso revertir, estas tendencias negativas. Al mejorar la aptitud cardiorrespiratoria de los jóvenes, se puede incrementar su futura capacidad laboral, reduciendo así el riesgo de enfermedades crónicas, absentismo laboral y jubilación anticipada. Además, una fuerza laboral más saludable y resiliente es esencial para el sostenimiento de los sistemas de seguridad social y para el impulso del crecimiento económico.

Por tanto, la promoción de la actividad física entre los jóvenes no solo es una cuestión de salud pública, sino también una estrategia económica prudente. La prevención, a través del fomento de estilos de vida activos desde la infancia, emerge como una solución prometedora para abordar no solo los desafíos de salud individual, sino también para prevenir las consecuencias económicas adversas en el futuro.

Este enfoque preventivo resalta la importancia de integrar la promoción de la actividad física en las políticas públicas, la educación y las iniciativas comunitarias, como un medio para fortalecer la capacidad laboral y, en última instancia, mejorar la calidad de vida de la población en general. La inversión en la salud y el bienestar de los jóvenes es, sin duda, una inversión en el futuro socioeconómico de nuestra sociedad.

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Ideas para fomentar la actividad física desde la juventud

Con lo que hemos visto hasta ahora, no cabe duda de que es necesario afrontar el desafío de promover la actividad física entre los jóvenes  para contrarrestar las tendencias de inactividad y sus efectos a largo plazo en la capacidad laboral y la salud general. La investigación de la Universidad de Jyväskylä subraya la necesidad de adoptar medidas concretas desde edades tempranas para fomentar estilos de vida activos, lo cual requiere un enfoque multidisciplinario que involucre a familias, escuelas, y la comunidad en general.

Evaluación y seguimiento

Una estrategia efectiva para comenzar es la evaluación y el monitoreo regulares de la aptitud física en niños y adolescentes. Al identificar tempranamente a aquellos en riesgo de baja aptitud cardiorrespiratoria, es posible implementar intervenciones específicas que promuevan la mejora de su condición física.

Esta evaluación debe ser parte integral de los programas educativos y de salud pública, proporcionando a padres y educadores las herramientas necesarias para apoyar el desarrollo físico saludable de los jóvenes.

Promoción de la actividad física cotidiana

Incrementar la actividad física en la vida diaria de los niños y adolescentes es esencial. Esto puede lograrse fomentando el juego activo, el uso de las escaleras en lugar del ascensor, caminar o andar en bicicleta a la escuela, y participar en tareas domésticas que requieran esfuerzo físico.

De este modo, la incorporación de la actividad física en la rutina diaria ayuda a establecer hábitos saludables que pueden perdurar hasta la edad adulta.

Educación física y deportes escolares

Fortalecer el currículo de educación física en las escuelas es otra medida indispensable. Incrementar la cantidad y la calidad de las clases de educación física no solo mejora la aptitud cardiorrespiratoria, sino que también enseña a los jóvenes el valor y el placer de la actividad física, promoviendo un compromiso a largo plazo con un estilo de vida activo.

Además, proporcionar un acceso más fácil a deportes organizados y actividades recreativas fuera del horario escolar puede prevenir el abandono de la actividad física, especialmente durante la adolescencia, un período crítico en el que muchos jóvenes dejan de participar en deportes organizados.

El papel de la familia

Las familias juegan un papel fundamental en el fomento de la actividad física. Los padres y cuidadores pueden dar el ejemplo participando en actividad física regularmente y motivando a sus hijos a unirse a ellos.

No pierdas de vista que organizar actividades familiares al aire libre, como caminatas, paseos en bicicleta o juegos en el parque, no solo contribuye a la salud física, sino que también fortalece los lazos familiares.

Políticas públicas y acceso a instalaciones deportivas

Finalmente, es imperativo que las políticas públicas apoyen la creación y el mantenimiento de espacios seguros y accesibles para la práctica deportiva. Esto incluye parques, instalaciones deportivas y programas de actividad física asequibles para todas las familias, independientemente de su situación económica.

La colaboración entre los sectores público y privado puede facilitar la implementación de programas que promuevan la actividad física. Esto proporciona oportunidades para que todos los jóvenes participen, se mantengan activos y desarrollen un interés de por vida en mantenerse saludables.

Este estudio se publicó el 27 de marzo de 2024 en el JAMA Network Open.

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