Sabemos que el ejercicio fortalece los huesos, pero hasta ahora no terminábamos de entender exactamente cómo ocurre ese proceso dentro del cuerpo. Un equipo de la Universidad de Hong Kong acaba de descubrir la pieza que faltaba. Se trata de una proteína que actúa como un «sensor del movimiento» en nuestras células y que decide si el ejercicio se traduce en hueso fuerte o, por el contrario, en grasa acumulada.

El hallazgo explica por qué el sedentarismo acelera la pérdida ósea y abre la puerta a posibles tratamientos que imiten los beneficios del ejercicio para quienes no pueden moverse.

Recuerda que en PuntoSeguro queremos que vivas mogollón y con buena salud. Por eso compartimos contigo, entre otras cosas, los últimos hallazgos científicos que pueden ayudar a tener una vida más saludable. Por eso, en este artículo te explicamos cómo el movimiento se transforma en densidad ósea dentro de tu cuerpo, qué pasa cuando llevas vida sedentaria y qué ejercicios necesitas para mantener tus huesos fuertes a cualquier edad.

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El ejercicio fortalece los huesos gracias a una proteína «sensora del movimiento»

Los científicos han identificado una proteína llamada Piezo1 que funciona como un interruptor dentro de las células madre de la médula ósea. Cuando hacemos ejercicio, esta proteína detecta la carga mecánica y dirige las células para que se conviertan en hueso en lugar de almacenar grasa. Sin esta proteína, el cuerpo no puede transformar el movimiento en densidad ósea.

El descubrimiento responde a una pregunta que llevábamos décadas haciéndonos. ¿Por qué unas personas conservan mejor sus huesos que otras, incluso haciendo el mismo ejercicio? La respuesta está en cómo responden nuestras células al estímulo mecánico.

Cuando caminamos, corremos o levantamos peso, nuestros huesos reciben presión. Esa presión activa la proteína Piezo1 en las células madre de la médula ósea. Estas células tienen dos opciones delante. Pueden convertirse en osteoblastos (células que construyen hueso) o en adipocitos (células que almacenan grasa). La proteína Piezo1 inclina la balanza hacia la primera opción.

En el estudio, los investigadores trabajaron con ratones que carecían de esta proteína. Los resultados mostraron pérdida ósea acelerada y mayor acumulación de grasa en la médula, incluso siendo jóvenes.

Por qué perdemos densidad ósea con la edad (y qué tiene que ver el sedentarismo)

A partir de los 30 años perdemos entre un 0,5% y un 1% de masa ósea cada año, un proceso que se acelera después de la menopausia en las mujeres y que convierte a la osteoporosis en una de las enfermedades más extendidas del envejecimiento, afectando ya a más de 200 millones de personas en todo el mundo.

La osteoporosis no duele ni avisa hasta que aparece la primera fractura. Una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirán una fractura osteoporótica a lo largo de su vida, con las consecuencias que esto implica en términos de movilidad, independencia y calidad de vida.

El envejecimiento de la población agrava el problema, pero la edad no es el único factor en juego. El sedentarismo acelera la pérdida ósea a cualquier edad porque nuestras células madre de la médula ósea necesitan el estímulo mecánico del movimiento para decidir convertirse en hueso en lugar de grasa.

Sin ese estímulo, las células optan por acumular grasa en la médula y dejan de fabricar hueso nuevo. El resultado es una estructura ósea cada vez más frágil, más porosa y menos capaz de soportar golpes o caídas.

Cómo el cuerpo decide si el ejercicio crea hueso o acumula grasa

Las células madre de la médula ósea funcionan como una encrucijada donde el cuerpo decide constantemente si necesita construir más hueso o almacenar más grasa. Cuando la proteína Piezo1 detecta presión mecánica del ejercicio, activa una cadena de señales dentro de la célula que bloquea la formación de adipocitos y favorece que esas células madre se conviertan en osteoblastos, las células especializadas en fabricar hueso nuevo.

Este proceso explica por qué dos personas de la misma edad pueden tener densidades óseas completamente diferentes. Una persona activa genera constantemente señales de carga mecánica que sus células interpretan como una orden para reforzar la estructura ósea. Una persona sedentaria, en cambio, no envía esas señales y sus células madre optan por la ruta más sencilla, que es convertirse en células de almacenamiento de grasa.

La proteína Piezo1 actúa como el traductor entre el mundo exterior (el movimiento, la carga) y el interior de la célula (las decisiones que toma sobre qué tipo de célula convertirse). Cuando falta esta proteína o no se activa suficientemente, las células madre siguen recibiendo órdenes de diferenciarse, pero no tienen la información mecánica que las dirige hacia la fabricación de hueso.

Los investigadores comprobaron esto eliminando la proteína Piezo1 en ratones de laboratorio. Esos ratones desarrollaron osteoporosis temprana aunque siguieran moviéndose con normalidad, porque sus células ya no podían interpretar el ejercicio como una señal para construir hueso.

Qué pasa cuando no nos movemos

La falta de movimiento no simplemente frena la construcción de hueso nuevo, sino que invierte activamente el proceso y convierte la médula ósea en un depósito de grasa. Los estudios muestran que las personas sedentarias acumulan hasta un 50% más de grasa en la médula ósea que las personas activas, y esa grasa ocupa literalmente el espacio donde deberían estar formándose nuevas células óseas.

El sedentarismo crea un círculo vicioso difícil de romper. Cuando dejamos de movernos, nuestras células madre de la médula ósea dejan de recibir la presión mecánica que necesitan para activar la proteína Piezo1. Sin esa activación, las células optan por convertirse en adipocitos en lugar de en osteoblastos, lo que significa que cada día que pasamos sentados estamos eligiendo grasa en lugar de hueso sin ni siquiera saberlo.

Los investigadores observaron este proceso en ratones que carecían de la proteína Piezo1. Estos animales perdieron densidad ósea tres veces más rápido que los ratones con la proteína intacta, incluso manteniéndose activos. La diferencia se hacía visible en pocas semanas, con huesos más frágiles, más porosos y con mayor infiltración de grasa en zonas que deberían estar ocupadas por tejido óseo sano.

En humanos, las consecuencias del sedentarismo prolongado pueden ser igual de dramáticas. Las personas que pasan más de ocho horas sentadas al día tienen un riesgo un 30% mayor de sufrir fracturas que quienes mantienen niveles de actividad moderados, independientemente de su edad o sexo.

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Preguntas frecuentes sobre cómo el ejercicio fortalece los huesos

¿Qué es la proteína Piezo1 y qué tiene que ver con el ejercicio?

La proteína Piezo1 actúa como un sensor dentro de las células madre de la médula ósea. Cuando el cuerpo recibe carga mecánica al caminar, correr o levantar peso, Piezo1 se activa y ayuda a que esas células se conviertan en células que forman hueso. Si no se activa, el estímulo del ejercicio se aprovecha peor.

¿Por qué el sedentarismo acelera la pérdida de masa ósea?

El sedentarismo reduce la presión mecánica que reciben los huesos en el día a día. Sin ese estímulo, las células madre de la médula ósea tienden a producir menos hueso nuevo y a favorecer la acumulación de grasa en la médula. Con el tiempo, esto puede contribuir a una estructura ósea más frágil y porosa.

¿A partir de qué edad se empieza a perder densidad ósea?

Según el propio artículo, la pérdida de masa ósea puede empezar a partir de los 30 años y avanzar de forma gradual. En muchas personas se acelera con la edad y, en el caso de las mujeres, después de la menopausia. Por eso conviene mantener hábitos de movimiento constantes durante toda la vida adulta.

¿Qué tipo de ejercicio ayuda más a fortalecer los huesos?

Los ejercicios que mejor estimulan el hueso suelen ser los que implican carga mecánica, como caminar con ritmo, correr, saltar o entrenar fuerza con el propio peso o con cargas. La clave es que el hueso “note” la presión del movimiento. La elección concreta depende de la edad, el estado físico y posibles lesiones.

¿Caminar es suficiente para mejorar la salud de los huesos?

Caminar es una actividad útil porque aporta impacto moderado y regularidad, sobre todo si se hace con cierta intensidad y frecuencia. Aun así, en algunas personas puede ser recomendable combinarlo con ejercicios de fuerza o cambios de ritmo para aumentar el estímulo mecánico. Si hay dudas, conviene consultarlo con un profesional sanitario.

¿Por qué el cuerpo puede acumular grasa en la médula ósea cuando no hay movimiento?

La médula ósea contiene células madre que pueden diferenciarse en células que forman hueso o en células que almacenan grasa. Cuando falta el estímulo del movimiento, el cuerpo recibe menos señales mecánicas y puede favorecer la vía de almacenamiento. Esto no ocurre de un día para otro, pero sí puede progresar con el tiempo.

¿Qué significa que el ejercicio “se traduce” en densidad ósea?

Significa que el cuerpo no solo se mueve, sino que interpreta ese movimiento como una señal para reforzar el hueso. Al recibir presión repetida, se activan mecanismos celulares que favorecen la creación de tejido óseo nuevo. En este artículo, la proteína Piezo1 aparece como una pieza clave para activar esa respuesta dentro de la médula ósea.

¿Puede haber tratamientos que imiten los beneficios del ejercicio para los huesos?

El artículo plantea que este tipo de hallazgos podría abrir la puerta a tratamientos que reproduzcan parte del efecto del movimiento en personas que no pueden ejercitarse. Aun así, eso no significa que exista ya una terapia disponible o equivalente al ejercicio real. Lo prudente es verlo como una línea de investigación prometedora.

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