Las aseguradoras responden a la relajación cuantitativa y cambian su apetito por el riesgo

Las nuevas fuerzas del mercado, marcadas por una política monetaria divergente -los bancos centrales han relajado las condiciones monetarias- y el incremento de la volatilidad -bajos rendimientos de los bonos y el crecimiento económico incierto-, está llevando a un escenario de incertidumbre que impacta sobre el nivel de riesgo que las compañías están tratando de tomar y que pone de manifiesto que el apetito por el riesgo de las compañías está cambiando.

Es más, el impacto de la relajación cuantitativa (Quantitative Easing) sobre los precios de los activos ha provocado que la predisposición al riesgo de las aseguradoras prácticamente se duplique, hasta el punto de que el 57% tiene previsto incrementar la exposición al riesgo durante los próximos 12 a 24 meses, frente al 33% hace un año. De hecho, el 83% de las aseguradoras de todo el mundo espera que la relajación cuantitativa y la política monetaria sostengan los precios durante los próximos dos años, aunque debería reducirse en tamaño y/o ritmo.

Estas son algunas de las conclusiones de la encuesta global de BlackRock y The Economist Intelligence Unit, realizada en julio de 2015 para comprender las perspectivas de inversión de 248 aseguradoras, que engloban un total de 6,5 billones de dólares en activos. Según explicó ayer Patrick M. Liedtke, responsable del negocio de gestión de activos de seguros de BlackRock en Europa, durante la presentación ayer del informe en Madrid, “la divergencia en las políticas de los bancos centrales, el riesgo de liquidez de los mercados de renta fija y el endurecimiento del marco normativo están creando un dilema para la industria aseguradora”. “Existen oportunidades para proteger la salud del balance y mantener líneas de negocio en dificultades, pero los inversores necesitan hacer -y rápido- un ejercicio de diversificación en las carteras hacia activos con riesgos y rendimientos más altos, y también gestionar con atención los riesgos inherentes a estas nuevas inversiones”, añade.

Señala que “el panorama macroprudencial está llevando a muchos a poner un pie en el acelerador y otro en el freno al mismo tiempo, algo que lógicamente dificulta la gestión del balance”. Así lo refleja el informe al apuntar que el 49% ha realizado importantes cambios en su estrategia de inversión en respuesta a la relajación cuantitativa y la política monetaria, mientras que otro 43% pretende hacerlos durante los próximos 12 a 24 meses. Esto, a pesar de la preocupación por que tanto la relajación cuantitativa como la política monetaria puedan crear desequilibrios en los mercados que afecten negativamente a la economía y creen un entorno insostenible en el sector asegurador (un 44% considera que el principal riesgo del mercado es el entorno de tipos de interés persistentemente bajos; un 36% lo achaca a la importante subida de los tipos de interés y un 33% a una corrección en los precios de los activos).

Algo está cambiando

Frente a los retos que deja el nuevo escenario económico (bajo crecimiento, baja inflación, bajos tipos de interés y deterioro de la liquidez en los bonos), la renta fija ya no es un activo atractivo para las aseguradoras, que no creen que la política monetaria vaya a cambiar en los próximos cinco años y la falta de liquidez en el mercado de bonos afecta la inversión en renta fija, por lo que las compañías tratan de encontrar la rentabilidad diversificando sus inversiones en otros activos distintos al bono.

Las aseguradoras, que tradicionalmente han centrado sus inversiones en deuda pública y corporativa, están planeando ahora aumentar las posiciones en uno o más activos alternativos de deuda corporativa que generen rentas, como bonos de inmuebles comerciales o préstamos directos a pymes, ámbitos dominados tradicionalmente por los bancos. Así lo reconoce el 82% de los encuestados.

“Las aseguradoras están recurriendo a una gama más amplia de activos, especialmente inversiones en activos de deuda corporativa alternativos que generan rentas, como los préstamos directos, con el fin de diversificar las rentabilidades e impulsar sus flujos de rentas. Sin embargo, están surgiendo dificultades, ya que estos mercados no suelen ser su hábitat natural y para tener éxito hay que superar algunos obstáculos”, señala Liedtke.

Además, Solvencia II, en vigor desde el pasado 1 de enero, está dando mucho juego a la diversificación, la cual a su vez está cambiando la composición del riesgo. Así, más del 40% reducirá su posición en renta variable durante los dos próximos años, casi el 50% espera incrementar su exposición a renta fija y más del 30% espera que el cash pese más en las carteras. En este contexto, más del 40% espera aumentar sus inversiones en bonos Investment Grade y deuda soberana; dos tercios creen que la liquidez en el mercado de bonos les dificulta invertir en renta fija, pero creen que esto es temporal; y la falta de liquidez está impulsando el uso de ETFs y derivados.

Fuente: BDS 29/01/2016

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