En España hay más de 32 millones de pólizas de seguros de vida

En España hay más de 32 millones de pólizas de seguros de vida

 

Capital Madrid 16.2.10

Ignacio Aranguren

El ramo de vida saca pecho en un año difícil.

La buena evolución del ramo de vida a lo largo de 2009 ha salvado el resultado al sector asegurador español en el último ejercicio. Y es que un crecimiento del 5,68% hasta los 28.119 millones en primas y del 5,62%, hasta los 143.790 millones, en provisiones técnicas o ahorro gestionado, son cifra muy elocuentes, máxime teniendo en cuenta la que está cayendo a todos los niveles y en todos los sectores. Según los últimos datos facilitados por la patronal del sector, Unespa, al cierre del pasado año había en España 32,64 millones de pólizas de vida, de las que la mayor parte (23,33 millones) eran de riesgo puro, con un crecimiento del 0,60%  -aquí ha jugado un papel importante, por lo negativo, la caída de las venta de pisos y de las hipotecas y, por tanto, el descenso de los seguros ligados a ellas. En los seguros con componente de ahorro se ha notado más la subida, ya que crecieron un 2,01% en número de pólizas.

Al término del pasado año había en España un total de 32,64 millones de pólizas de vida, lo que no quiere decir que hubiera igual número de personas aseguradas, ya que muchos ciudadanos tiene más de una póliza. El negocio de vida sigue teniendo mucha mayor aceptación a nivel individual que en el colectivo, como lo corroboran los datos. La proporción a favor de los individuales son más del doble en cuanto a las provisiones técnicas, de tres a uno en el número de asegurados y de siete a uno en primas emitidas. Así, las reservas matemáticas de los individuales se sitúan en 98.569 millones, mientras que los colectivos se quedan en 45.220; hay 24,3 millones de pólizas individuales por sólo 8,2 millones de colectivas; y las primas en individuales superan los 24.450 millones, mientras que las colectivas se reducen a poco más de 3.668 millones.

El riesgo, mejor dicho, el no querer correr riesgos ha sido el motivo por el que el seguro de vida hizo el pasado año su agosto en detrimento de otros productos financieros. Dentro de este ramo, también hubo profundas diferencias: los ahorradores se decantaros por productos sin riesgo y con liquidez. Por ese motivo, las primas de los seguros vinculados a activos (los que tiene un nombre raro: los Unit Linked) cayeron en torno a un 26%, y un descenso similar registraron las de los productos ilíquidos, como los PPA (que son el equivalente en el seguro a los planes de pensiones). 

Sin embargo, ambos productos consiguieron fuertes subidas en cuanto a sus provisiones técnicas: casi un 35% para los PPA y más de un 17% los vinculados a activos. También destacaron los PIAS (planes individuales de ahorro sistemático) que por aportar ventajas fiscales en la salida tuvieron una importante demanda: sus primas crecieron más de un 18%  y sus provisiones un 45%.

En cuanto a las compañías, vida es un ramo que está muy concentrado. A nival de compañías, las tres primeras, que pertenecen a las tres mayores entidades financieras del país (La Caixa, Santander y BBVA) acaparan casi un 28% del total del ramo; las cinco primeras llegan al 38%, y si se toman las 10 primeras la cuota de mercado supone el 53,54%. Para superar el 70% hacen falta las 18 primeras entidades del ramo. Las diez primeras aseguradoras del ramo son: Vidacaixa, Santander Seguros, BBVA Seguros, Mapfre Vida, Bansabadell Vida, Caser, Mapfre Caja Madrid Vida, Allianz, Vitalicio Seguros, e Ibercaja Vida.

A nivel de grupo, la concentración es todavía mayor. Los tres primeros grupos (Caixa, Mapfre y Santander) obtienen una tercera parte del mercado; entre los seis primeros superan la mitad del mercado y si se toman los 10 primeros se alcanza ya el 70%.  Los diez primeros grupos de este ramo son: Caixa, Mapfre, Santander, Zurich, BBVA, Generali, Aviva, Axa, Allianz y Aegon. 

La incompetencia de Competencia

El seguro español se puso en pie de guerra en noviembre del pasado año (y sigue así todavía) contra la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) por una sanción impuesta a tres aseguradoras nacionales y a tres reaseguradoras internacionales  –las aseguradoras Asefa, Mapfre y Caser y las reaseguradoras Scor, Swiss Re y Munich Re– por haber constituido "un cártel para establecer un precio mínimo en el seguro obligatorio de la construcción entre 2002 y 2007". La sanción en conjunto roza magnitudes históricas, ya que supera los 120 millones de euros.

Pero lo malo no sólo esa elevada sanción, si no la forma en que fue hecha pública por parte de la CNC y por lo que se calló entonces que uno de los miembros de este organismo, concretamente su vicepresidente, Fernando Torremocha y García-Sáenz discrepó completamente con la Resolución y la desmontó punto por  punto en la argumentación de su voto particular.

Las seis entidades afectadas consideraron injusta y desproporcionada la sanción y han recurrido al Tribunal Contencioso Administrativo. Como ya se sabe, "las cosas de palacio van despacio", y hasta dentro de 2 o 3 años no volveremos a tener noticias de ese recurso, y6 es previsible que a su vez sea recurrido ante instancias superiores por la parte perdedora, por lo que no tendremos una resolución definitiva hasta dentro de 4 o 5 años, cuando el Supremo diga lo que considere oportuno.   

 Pero hasta que eso ocurra, se van conociendo mientras tanto otros casos similares que vienen a demostrar que la "temida" CNC mete la pata con bastante frecuencia, que no es tan "competente" como pudiera imaginarse uno. Eso es lo que se desprende al menos de un par de sentencias recientes del Tribunal Supremo que anulan las sanciones impuestas por este organismo a varias compañías. Pero como la justicia en España va tan lenta, estás sanciones fueron impuestas hace algunos años y es ahora cuando se ha conocido la resolución del alto Tribunal.

Una de estas sentencias hace referencia a un pleito que se remonta a julio de 2004 entre las grandes eléctricas españolas por aquel entonces, aunque hoy día su capital ya no es tan español (Endesa, Iberdrola y Unión Fenosa)  contra el entonces Tribunal de Defensa de la Competencia (TDC), hoy CNC. El TDC declaró a las tres eléctricas autoras responsables de "un abuso de su posición de dominio en los mercados de suministro eléctrico, en un contexto de restricciones técnicas", que se produjo durante
varios días de noviembre de 2001, por lo que sancionó a las compañías con una multa de poco más de 900.000 euros a cada una, lo que supone cerca de 3 millones de euros, vamos una bagatela en comparación con las últimas multas impuestas.

En mayo de 2007, la Audiencia Nacional estimó un recurso contencioso administrativo presentado por Unión Fenosa contra dicha sanción, al que se habían sumado las otras dos sociedades y anuló la decisión de Competencia. Ahora, tras el correspondiente recurso de la CNC, el Supremo se suma a la Audiencia Nacional y anula definitivamente la sanción.

Otro tanto ocurrió hace unos días con SOS Corporación Alimentaria, a la que el Tribunal Supremo ha dado la razón y le ha anulado una multa de dos millones de euros impuesta por el Tribunal de Defensa de la Competencia en junio de 2007 por el presunto pacto con la distribución de un precio mínimo de venta al público para sus marcas de aceite Carbonell 0,4 grados y Koipesol. También en este caso la Audiencia Nacional en enero de 2008 había fallado a favor de la empresa, anulando y dejando sin efecto la sanción.

Y si nos remontamos un poco más de tiempo, hace un par de años, la Audiencia Nacional  anuló una multa de 57 millones de euros, esa sí que es la mayor a nivel individual, impuesta por el TDC a Telefónica.

Son ya muchas meteduras  de pata de la CNC, además de las causas que todavía están pendientes de juzgar, por lo que habría que exigir mucho mayor rigor a ese organismo a la hora de sancionar. Porque, aunque al final se gane y el Supremo dé la razón a la compañía o compañías afectadas, ¿quién corre con todos los gastos que esos juicios suponen? y, sobre todo ¿quién les resarce de todo el mal causado, del sambenito que han tenido que llevar a cuestas durante tantos años?. Ese daño para la compañía no se recupera ni con el cese o dimisión del o de los responsables de tamaño desaguisado…

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