El sistema de pensiones público, al basarse en las cotizaciones que dependen del salario percibido, “perpetúa las desigualdades salariales del mercado laboral”. Este hecho tiene un especial impacto negativo para las mujeres pensionistas, ya que, exceptuando los tramos más bajos, las prestaciones por jubilación siempre son inferiores al salario percibido durante la etapa laboral. Así pues, “muchas mujeres pueden llegar a percibir una pensión que no les permita el acceso a un nivel mínimo de calidad de vida”. Este es uno de los argumentos del estudio ‘Impacto de las pensiones en la mujer. Jubilación y calidad de vida’, elaborado por IESE y VIDACAIXA, y que ayer fue presentado en Barcelona por Nuria Chinchilla, profesora del IESE Business School (Universidad de Navarra), Tomás Muniesa, vicepresidente ejecutivo-consejero delegado de VIDACAIXA, y Jaime Lanaspa, director general de la Fundación La Caixa. En el estudio se reconoce que, en la mayoría de países europeos, la mujer se encuentra en una situación más vulnerable que la de los hombres cuando llega a los 65 años. “Incluso en países donde es más amplia la cobertura del llamado estado del bienestar, como Suecia o Noruega, se producen notables diferencias en relación con el riesgo de pobreza entre hombres y mujeres a partir de esa edad. En Europa, la diferencia supera los 5 puntos. En España, el riesgo de pobreza de las mujeres es un 12% superior que el de los hombres”, se destaca. Más información y acceso al estudio completo.

Datos relevantes del estudio y recomendaciones

– El salario femenino supone, en media, un 77% del salario masculino. “Esta diferencia salarial conlleva desigualdades en las futuras prestaciones de jubilación”. – La pensión media de los hombres es de 1.067 euros, mientras que la de las mujeres es de 659 euros un 38% inferior, “con el consiguiente riesgo de pobreza femenina”. – “La mayoría de conflictos de conciliación entre trabajo y familia se resuelven porque la mujer, o bien renuncia durante un periodo de tiempo a un trabajo remunerado, o bien reduce su jornada laboral”. – Los hombres han trabajado una media de 43,4 años, mientras que las mujeres solo lo han hecho de forma remunerada un promedio de 12,8 años, la cifra más baja de Europa. – La aportación media de un hombre entre los 50 y los 65 años, a su plan de pensiones privado es un 21% superior al de la mujer. – Mientras un 65% de los hombres, entre 65 y 74 años, sufre alguna enfermedad o problema de salud crónico, las mujeres que los padecen son el 71%. Por tanto, “son ellas quienes tienen mayores posibilidades de acabar como dependientes y caer en niveles de pobreza”. Recomendaciones Sus impulsores destacan que el estudio quiere enfatizar que, “aunque la situación no es brillante, hay margen de mejora”. Por ello, se proponen 10 medidas para garantizar los ingresos necesarios por jubilación, “de modo que los mayores disfruten de mayor autonomía económica y un nivel de vida digno”. 1. Informar de la situación real de la futura pensión. La información sobre la futura disponibilidad económica permite plantear opciones de futuro. 2. No dejar nuestro futuro solo en manos del Estado. 3. Complementar la pensión que facilita el Estado desde el inicio de la vida laboral. 4. Planificar la propia jubilación, en especial las mujeres que interrumpen su trayectoria laboral por el cuidado de hijos y dependientes. 5. Que el Estado aporte la cotización de jubilación de las mujeres en caso de excedencia o, parcialmente, en casos de reducciones de jornada mientras permanezcan al cuidado de los hijos más pequeños o de mayores dependientes. 6. Que el tiempo dedicado a la atención de los hijos hasta 12 años y a familiares dependientes compute como tiempo cotizado. 7. Desgravación fiscal del coste de los cuidadores familiares, guarderías y otros gastos asociados a la familia, siempre que esta cantidad se destine a ahorro para la pensión. 8. Desgravación fiscal de la renta familiar de las aportaciones de ahorro para la jubilación del padre o de la madre mientras permanezcan al cuidado de los hijos más pequeños o mayores dependientes. 9. Revisar la pensión de viudedad para no cotizantes, ya que el cónyuge viudo va a seguir soportando más del 50% de los costes fijos de la anterior situación. 10. Fomentar y educar a los jóvenes en la cultura del ahorro finalista, a largo plazo. Fuente: BDS 10/04/2014  

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