El Tribunal Supremo ha confirmado una indemnización de 8.000 euros por la muerte un ladrón que falleció desangrado tras un robo. El padre tenía suscrito un contrato combinado de Decesos y Accidentes, en el que estaba incluido como asegurado su hijo y, ante el suceso, este reclamó a la aseguradora que le abonara la cantidad fijada en la póliza. Según publica Expansión, el juzgado de primera instancia estimó la pretensión del asegurado al entender que este caso podía encuadrarse en el concepto de accidente, y recordaba que “el artículo 19 de la Ley de Contrato de Seguro solo excluye aquellos accidentes causados por mala fe del asegurado, lo que, según la jurisprudencia, se entiende cuando el resultado es buscado deliberadamente o, cuando menos, haya sido representado de forma voluntaria y conscientemente asumido”. Y concluye que en este supuesto, “al no existir intencionalidad en la voluntad del fallecido, la mala fe no concurre”. La aseguradora recurrió la sentencia ante la Audiencia Provincial de Oviedo, que le dio la razón, negando el pago de indemnización alguna. En su sentencia, la Audiencia distingue entre el siniestro y su resultado, para concluir que aquel consistió en un accidente sufrido de forma involuntaria –al tratar de salir por una ventana en el curso de un robo, se hizo un corte en una pierna–, mientras que el resultado, consistente en su fallecimiento desangrado, obedeció a su propia voluntad, por negarse libre y conscientemente a recibir asistencia médica que hubiese impedido el fatal desenlace. Y concluye que por propia decisión del asegurado se produjo una ruptura del nexo causal entre el accidente sufrido y el resultado final. Ahora, el Supremo discrepa del criterio de la audiencia asturiana y señala que “no existe desconexión y ruptura del nexo causal entre el accidente y el desgraciado resultado final, más propio del atolondrado pensamiento del sujeto que de la provocación voluntaria del mismo”. Y es que, según la sentencia del Tribunal Supremo, parece “más razonable y lógico” pensar que, ante la situación en la que se encontraba el ladrón, se planteara continuar con la huida y, una vez puesto a salvo, acudir a ser curado de su herida a algún ambulatorio o centro hospitalario, en vez de entender que su voluntad era morir desangrado y que así lo aceptase. Circunstancia esta última que, para el tribunal, no se compadece con su conducta de pedir auxilio al comprobar que su huida ya no era posible. Fuente: BDS 29/12/2015

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